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La dureza del agua en Vigo y qué significa para tu termo y tus grifos

6 min de lecturaActualizado el
Equipo de trabajo preparado en el exterior de una vivienda

Respuesta corta

El agua de Vigo procede del embalse de Eiras, en el río Oitavén, y es agua blanda. Eso significa que la cal apenas incrusta resistencias, griferías ni electrodomésticos, y que en la práctica un descalcificador doméstico no se justifica en la mayoría de viviendas de la ciudad. Los problemas de fontanería aquí vienen por otro lado: humedad, corrosión por salitre en la costa e instalaciones antiguas.

De dónde viene el agua que sale de tu grifo

El abastecimiento de Vigo se apoya en el embalse de Eiras, sobre el río Oitavén, en la vertiente de Fornelos de Montes. Es agua de origen superficial y de cuenca granítica, y el granito es una roca que aporta muy pocos carbonatos al agua que circula por ella.

Esa es la razón geológica de que el agua de Vigo sea blanda, frente a lo que ocurre en zonas de acuíferos calizos como buena parte de la meseta o del levante, donde el agua arrastra carbonato cálcico y magnésico en cantidad y la cal se convierte en un problema diario.

Qué se nota en casa cuando el agua es blanda

Se nota en cosas cotidianas. El jabón hace mucha espuma y cuesta aclararlo. Los aireadores de los grifos no se atascan de costra blanca. La mampara de la ducha no se cubre de esa película calcárea que hay que rascar. Y las resistencias de termos y lavadoras no se recubren de cal, que es lo que en otras ciudades acaba quemándolas.

También hay una consecuencia menos conocida: el agua blanda es ligeramente más agresiva con los metales. En instalaciones antiguas de hierro galvanizado eso favorece la corrosión, y es parte de la explicación de por qué en pisos viejos el agua sale marrón tras unos días sin usarse.

Entonces, ¿descalcificador sí o no?

En la práctica, en una vivienda de Vigo conectada a la red municipal, no. Un descalcificador está pensado para eliminar dureza que aquí ya es baja de partida, así que se paga una instalación, un mantenimiento y un consumo de sal para resolver un problema que no tienes.

El matiz está en las viviendas de las parroquias periféricas abastecidas por pozo propio, donde el agua ya no viene de Eiras y sus características dependen del acuífero concreto. Ahí sí tiene sentido hacer un análisis antes de decidir nada, y lo que suele hacer falta no es un descalcificador sino un filtro de sedimentos y, en algunos casos, tratamiento de hierro o manganeso.

Lo que de verdad le acorta la vida a tu termo aquí

Si la cal no es el enemigo, ¿qué lo es? Tres cosas. La primera, el ánodo de sacrificio: es una pieza consumible que protege el depósito de la corrosión y que casi nadie revisa. Comprobarlo cada dos o tres años es la medida más rentable que existe para alargar la vida de un termo.

La segunda es la ubicación. Un termo montado en una galería cerrada, un trastero sin ventilación o un lavadero húmedo envejece mucho más rápido en la carcasa, los anclajes y las conexiones. Y la tercera, en la franja de costa —Bouzas, Alcabre, Samil, Canido y toda la línea de Nigrán o Baiona—, el salitre, que ataca tornillería y partes metálicas expuestas.

Cómo aprovechar que el agua es blanda

Puedes usar bastante menos detergente en la lavadora y el lavavajillas del que marca el envase, porque las dosis están calculadas para aguas de dureza media. Ahorras dinero y evitas restos de jabón en la ropa.

También puedes olvidarte de los productos antical de mantenimiento periódico y del abrillantador en dosis altas. Y si tienes cafetera o plancha de vapor, la frecuencia de descalcificación que recomienda el fabricante puede espaciarse bastante respecto a lo indicado.

En resumen

  • El agua de Vigo viene del embalse de Eiras y es blanda
  • Un descalcificador rara vez se justifica si estás en red municipal
  • Revisa el ánodo del termo: eso sí alarga su vida aquí
  • Con pozo propio, analiza antes de instalar cualquier tratamiento

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